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Noticias

Nuestro día a día

Como cristianas, nuestro punto de referencia es Cristo, al que intentamos seguir según el Evangelio, en una comunidad de hermanas.

Muchas de nosotras hemos descubierto nuestra llamada, y hemos reconocido el don que conlleva, en el contacto con una comunidad concreta que se nos ha hecho familiar y entrañable. Sin embargo, la comunidad no se construye por afinidad con las hermanas. Es un bien gratuito y frágil que tenemos que cuidar y que construir día a día. Se fragua desde la atención al propio corazón, y desde la apertura, conocimiento y acogida mutua cuyo fundamento es Cristo.

En realidad, la vida monástica no es ningún ideal romántico. Uno de los desafíos ascéticos de la monja de hoy es aprender a aceptarse y aceptar a sus hermanas tal y como son. La vida comunitaria exige un amor desinteresado y aunque a veces la monja sienta que está rozando sus propios límites, el que ha elegido, es un modo de vida que proporciona el “sustrato” para el crecimiento espiritual y humano.

Patrimonio histórico
y cultural

Ora et Labora

Nuestra vida se sostiene sobre tres pilares que dividen nuestro tiempo casi a partes iguales: liturgia, oración y trabajo.

La liturgia supone un momento de alabanza, de plegaria, de proclamación, de escucha…pero sobre todo es un momento de celebración comunitaria de la fe.

La oración, más que palabra que dirigimos a Dios, es escucha, atención a su Palabra. Por eso, dedicamos a diario un tiempo amplio a la oración.

El trabajo que realizamos es fundamentalmente manual. Además de favorecer la atención al corazón, nos permite participar en la obra creadora de Dios.Con él procuramos nuestra subsistencia y podemos compartir con los necesitados. Nos sentimos también solidarias con todos aquellos que viven del trabajo de sus manos.

 

 

En 1.162 aparece por primera vez el nombre del monasterio en los documentos oficiales de la Orden Cisterciense. Siempre fue un monasterio modesto, con una comunidad poco numerosa.

Del primitivo monasterio sólo queda en pie la iglesia que destaca por su sencillez y austeridad. Tiene en sí todos los rasgos de la simbología y la espiritualidad del Císter. Es su espíritu expresado en su arquitectura. El juego de luces y sombras manifiesta la realidad de la monja, de la persona humana y su relación con Dios.

El crucero está cubierto por una cúpula de influencia mudéjar, única en Galicia.

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