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Nuestro día a día

Siguiendo el consejo evangélico de orar sin cesar, los monjes han santificado el día mediante la celebración de la Liturgia de las Horas. Siete veces al día unen sus voces para cantar las alabanzas del Señor, mediante el canto de los himnos, salmos y cánticos tomados de las Sagradas Escrituras. La Eucaristía y el trabajo.

Los monjes están sometidos a la ley del trabajo: tienen que ganarse la vida para satisfacer necesidades propias y ajenas “pero siendo siempre sinceros en el amor” (Ef 4, 15).

La gente se afana y se inquieta en un forcejeo constante, ya no tanto para solventar las necesidades más indispensables, cuanto para mejorar un tren de vida y garantizar un mejor sistema de necesidades. Cuando falta moderación, el trabajo agota y embrutece. En esto el monasterio cisterciense es un testimonio para el hombre de nuestro tiempo de que es posible y necesaria una sabia moderación en el trabajo, capaz de redimir y no de oprimir a las personas.

Espiritualidad
cisterciense

Personajes relevantes

Rafael Arnaiz Barón nació el 9 de Abril de 1911 en Burgos .En su corazón bien dispuesto, Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida monástica.

Habiendo tomado contacto con el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas –su Trapa- se sintió fuertemente atraído por lo que vio en el lugar que correspondía con sus deseos íntimos. Ingreso el16 de Enero de 1934

Dios quiso probarle misteriosamente con una penosa enfermedad –la diabetes sacarina- que le obligó a abandonar tres veces el monasterio, adonde otras tantas volvió. Santificado en la gozosa fidelidad a la vida monástica y en la aceptación amorosa de los planes de Dios, consumó su vida en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién estrenados los 27 años, siendo sepultado en el cementerio del monasterio.

Pronto voló imparable su fama de santidad allende los muros del monasterio.

“La conversión no se realiza en un solo día. ¡Ojalá pueda llevarse a cabo a lo largo de nuestra vida” (San Bernardo). La conversión empieza por una inquietud; se prosigue en una búsqueda; y se va fraguando en una transformación.

Hay muchos caminos de conversión; conforme a las diversas manera de vivir la vida misma. Es “una vuelta a Dios” desde una “región lejana”; imagen muy querida a los autores cistercienses clásicos. La Regla de San Benito así se lo pide al candidato o candidata “si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y luego sígueme”.

La comunidad cisterciense quiere ofrecer de este modo un icono vivo del Señor Jesús a cualquiera que se acerque a ella. Por la conversión se va restaurando la imagen de Dios, deteriorada por el egoísmo del pecado… exigencia que dimana del compromiso de fe cristiana recibida en el bautismo.

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